domingo, 14 de abril de 2013

El último día de Charlotte

Otro día de descanso y el último día de Charlotte antes de regresar a su escuela en Inglaterra.

Para empezar, me encuentro una nota en el váter diciendo que no hay agua. El plan B es una de las dos arboledas que hay junto a la casa. Y el paso siguiente es subir al arroyo a arreglar el tubo que toma el agua.

Subimos Charlotte, Irene y yo por el camino corto y difícil, el que va bordeando el arroyo. Está lloviendo y la zona es un barrizal; tengo que avanzar agarrándome a las ramas para tirar de mí cuando me hundo, cosa que ocurre más de lo que me gustaría. Llegamos a la cisterna-depósito que hay a media colina y vemos que está vacía, lo que significa que el problema está más arriba. Yo me quedo para avisar cuando el agua vuelva a fluir y ellas siguen por el arroyo para comprobar que todo va bien en las dos tomas. Un rato después volvemos a tener agua.

Liz no se levanta hoy. Dice que cuando Charlotte vuelve a la escuela no puede ni moverse. Baja al mediodía para almorzar y ya a la tarde para preparar la cena: cordero al horno (aquí es todo al horno; y, como es un horno antiguo, todo sale tremendamente bueno). A mí no me gusta el cordero, así que me hago unas salchichas irlandesas y unas patatas asadas.

Paso todo el día en el salón, haciéndole compañía a Charlotte. Por la tarde, veo que Irene está escuchando música con los cascos y la noto tensa; luego me cuenta que es porque Liz le ha pedido que le escriba un mensaje a Urszula para que posponga su regreso una o dos semanas si puede, explicándole que se ha quedado sin trabajo y está bajo mínimos hasta que vuelva de Irlanda. Irene se pone muy nerviosa cuando tiene una responsabilidad de este tipo porque piensa que la situación se va a volver contra ella. Visto lo visto, yo también opto por ponerme los cascos.

Después de la cena salimos a fumarnos un cigarro y me entra un mareo muy chungo, supongo que debido a la mezcla de tabaco, falta de alimento (las salchichas con patatas son lo único que he comido en todo el día) y deshidratación (aquí hay que hervir el agua antes de bebérsela y el cacharro no da abasto). En el salón, Charlotte me trae una gotica de agua que queda y yo, viendo que no se me pasa el mareo, subo a mi cuarto y me acuesto. Irene viene un rato más tarde con una jarra llena y conversamos sobre cómo están las cosas. La conclusión es que están regularcillas.

Estoy demasiado cansado como para acordarme de todo lo que hablamos. Solo sé que echo de menos a la polaca, por muy problemática que sea y por muy loca que esté. Y a saber si la vuelvo a ver.

Hoy ya no salgo de la cama.

Por cierto, que el otro día vino el herrero a ponerle herraduras nuevas a los caballos. Creo que fue el miércoles. Se me olvidó comentarlo en el resumen de la semana.

Herrando a Fly

Herrando a Sunny Boy

Chuckles molestando al herrero

El herrero herrando

Charlotte con Peadair

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