domingo, 31 de marzo de 2013

El baile del shinty

Por la mañana, Urszula me invita a tomar un baño YA; el termo es muy pequeño y tarda mucho en calentar, así que entre un baño y otro tienen que pasar al menos dos horas y hay que empezar ya si queremos ir todos curiosicos al baile, que es dentro de unas diez horas. Como soy el hombre de la casa y no me maquillo de momento, me toca el primero.

Después del desayuno subimos a la gran colina donde los caballos pasan el día jugando. El terreno es muy inestable y húmedo, lleno de pequeños riachuelos cubiertos por los matorrales. Cuesta trabajo llegar arriba, donde empieza el bosque y está la fuente que es nuestro destino. El agua que usamos en la granja viene de esa fuente; simplemente, un tubo va tomando agua y el propio desnivel de la colina hace que llegue con presión. A veces, si una hoja o una piedra tapa la boca, no llega suficiente agua a la granja y hay que subir a desatascar el tubo. Por eso me llevan allí, para saber dónde está por si tengo que subir a desatascarlo.

Mis compañeras subiendo la colina

El terreno de la colina

Vista desde la colina

De vuelta, nos damos cuenta de que Ruby, la perrita más joven, se ha perdido. Irene vuelve a la fuente y no la encuentra, así que suponemos que ya ha regresado. Ruby es muy aventurera, a pesar de estar preñada. Siempre está perdida, mordiendo a los gansos o dando por culo de algún otro modo. Irene vuelve y yo me quedo arriba para tomar unas fotos. Al rato, Ruby reaparece y se viene conmigo. Echamos el rato en la colina y decido ir a la ladera donde están enterrados los padres de Liz para tomar unas fotos desde allí.

Las tumbas

Según me cuenta Liz, su madre murió antes y el padre estuvo encargándose de la granja hasta que enfermó. Cuando murió, Liz decidió mudarse aquí desde su Irlanda natal y emprender una nueva vida con su hija. Tiene millones de planes sobre la granja, incluido un circuito para caballos y una suerte de resort para artistas, un estudio y una granja-escuela para discapacitados. Pero antes de nada hay que arreglar todo, pues gran parte de los edificios están prácticamente en ruinas.

Urszula es la jardinera y está diseñando el jardín de detrás de la casa. Entre otras cosas, se encarga de desenterrar la escalera antigua que baja por la pequeña colina hasta el camino. Ayer la ayudé un rato con la pala y el carro y acabé reventadísimo.

Para el almuerzo, Irene, que es vegetariana, hace uno de sus platos de verduras. Me he propuesto comer todo lo que me pongan aquí (menos el pescaso, pero parece que no les va mucho), y, si es verdura, mejor que mejor.

Cuando todas se han duchado y acicalado nos vamos al pueblo en la camioneta. Charlotte y yo vamos delante. Urszula y Irene van detrás, no sé dónde, pero por los gritos que pegan deben de estar dando botes. Liz conduce a todo guiñapo incluso de noche. Nos indica en qué curva podemos encontrarnos si la policía empieza a detener a los borrachos y llegamos al salón del pueblo.

El baile


La banda es espectacular. Tocan canciones tradicionales escocesas y tanto el gaitero como el batería son excepcionales. Todo el mundo baila, se lo pasan de muerte. De vez en cuando paran para hacer rifas y jugar a ver quién acerca más una moneda de libra a la botella de whisky. Urszula participa y lo hace bastante bien, pero al final se la lleva un hombre que va ya ciego. Por suerte la reparte entre todas las mesas.

Me presentan a Sarah y a su novio, vecinos de mi edad. Son muy simpáticos. Ella me presenta a una chica que lleva todo el baile dando botes con un vestido rojo y sin sostén. Antes me ha preguntado Urszula que si me he fijado en ella, he respondido que me he fijado solo en algunas partes y me ha pegado un codazo.

La banda

Urszula y Irene bailando

Sarah es la pelirroja delante de mí. A su izquierda Liz y, sentada en Liz, Charlotte. La señora del fondo me odia.

Sarah y Urszula intentan sacarme a bailar, pero eso no es posible. Urszula me dice que todos se piensan que somos novios y que por eso no se acerca nadie. Entretanto, me bebo un par de cervezas bastante tragables (a mí no me gusta la cerveza) y una pinta de sidra de fresa con lima y no sé qué demonios, traída de Suecia. Deliciosa. Aquí cada uno se trae su bebida y sus aperitivos en una nevera. Lo nuestro se acabó pronto, pero Sarah fue a no sé dónde a traer más.

El baile termina y nos vamos a casa en la camioneta. La verdad es que ha sido increíble estar ahí metido entre todos los aldeanos. Auténtico.

La película


Nos tomamos una última copa en casa y nos quedamos despiertos solo Urszula y yo. Hablamos de varias cosas que no puedo recordar y poco a poco la charla se va caldeando hasta que me dice que lo que más le apetece ahora es... algo muy arriesgado y que lo mandaría todo a la mierda en caso de que nos pillaran. A mí esto me produce más gracia que otra cosa, así que no puedo evitar reírme. Insiste y, al final, acabamos algo más que abrazados, lo que no hace sino intensificar la sensación de estar viviendo una película; una sensación que tengo desde que me subí al avión. Estamos un rato de cariñitos antes de acostarnos. Cada uno por su lado.

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